Traducción: Fabio Maldonado y Yuri Martins Fontes [revisión de la traducción: Argus Romero de Morais y Ellen Elsie Nascimento]. A GUISA DE INTRODUCCIÓN (…) No me creo imparcial, y al contrario, soy plenamente consciente de mi parcialidad. Y es por eso mismo que me siento capaz de evitar los juicios de valor. No fue para “juzgar” que visité los países socialistas, sino para analizar las soluciones ofrecidas en estos países a los problemas de la revolución socialista, es decir, de la transformación socialista del mundo. Estoy convencido de esa transformación, y de que toda la humanidad marcha hacia ella. (…) Por ese motivo, me juzgo con el derecho de no interpretar únicamente bajo el punto de vista “favorable” o “desfavorable” a los países del socialismo. Me interesa la lección que los países que ya están comprometidos con el socialismo dieron y siguen dándole a los demás, y de eso me ocuparé. Esta lección, como cualquier otra de la experiencia humana, es al mismo tiempo positiva y negativa, y muestra lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. (…) En suma, lo que intento traducir aquí es cómo se desarrolla este hecho máximo de la historia contemporánea: la reorganización, en bases socialistas, de la vida colectiva de los hombres. (…) La afirmación del derecho del más fuerte –que es en esencia lo que caracteriza al fascismo– impele necesariamente, en este caso, a la guerra, pues solo en la guerra se resuelven los antagonismos económicos cuando se transfieren al plan internacional. Por eso el fascismo fue la guerra. Y por eso también no es ni puede ser la alternativa que estamos buscando. La historia en realidad ya se dedicó a probarlo. Si se pretende destruir el germen del antagonismo que divide y aísla a los individuos y las clases, y los juega incesantemente unos contra los otros, la organización y la estructura del mundo capitalista necesitan renovarse desde su base y sustancia. Obsérvese que es allí donde el capitalismo alcanza el máximo de desarrollo y su más amplio florecimiento (considérese en particular los Estados Unidos), allí también se realiza de manera más completa la predicción de Marx: la reducción de todas las relaciones humanas a relaciones mercantiles, al “toma allá y da acá”1 de los negocios, con el conflicto latente y siempre a punto de desencadenarse que se encuentra necesariamente atrás de cualquier contacto entre individuos estimulados tan solo por el interés inmediatista y exclusivista de alcanzar para sí, sin medir otras consecuencias, alguna ventaja material. El capitalismo representa históricamente la última etapa, la más avanzada, del progreso y desarrollo de las relaciones mercantiles entre los hombres, es decir, del sistema de compra y venta como procedimiento generalizado de distribución y repartición de los bienes económicos. Ese proceso de mercantilización progresiva se expandió a otros terrenos, más allá del propiamente económico. Y aunque aún no ha alcanzado todos los valores humanos (¿será que en algunos lugares no los ha alcanzado?), evoluciona ciertamente en ese sentido. Ahora bien, la norma esencial que preside a las relaciones mercantiles, norma indispensable al funcionamiento normal del sistema, es dar siempre un mínimo para recibir un máximo. El antagonismo y la lucha se encuentran fatalmente en la base de este sistema que se alimenta de ese antagonismo, lucha, y gracias a él se mantiene y desarrolla. Ahora bien, el socialismo consiste fundamentalmente en eso que se propone y está buscando realizar: un mundo fundado en un principio diametralmente opuesto, a saber, la cooperación entre los hombres, y el principio del esfuerzo común, conjugado para los mismos fines que son de todos. (…) Las soluciones podrán variar en este punto, y de hecho, han variado. Recordamos, una vez más, que no hay nada más ajeno al marxismo que presentar al socialismo como una receta dada de una vez por todas, y con la que todos los pueblos y países, en el presente y futuro, se han de manejar. Lo que es invariable en el socialismo, y que constituye su esencia, es la sustitución de la libertad económica, que caracteriza el capitalismo y que implica el antagonismo entre los hombres, cada uno orientado a la satisfacción particular y exclusiva de sus intereses, por el ordenamiento y la coordinación de la acción económica en función del interés colectivo. Todo lo demás, en el socialismo, deriva de ahí, y se erige sobre esa premisa. (…) *** EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD La conclusión general y más importante que podemos extraer de nuestra análisis del problema de la libertad individual en los países socialistas, es que ese problema se plantea de forma diferente en esos países y en las democracias burguesas. Mientras que la sociedad burguesa se hunda esencialmente en los intereses individuales, y en ella el comportamiento social se regule por el choque de los distintos intereses, que derivan de la acción particular y divergente de los individuos, en el socialismo, al contrario, la vida colectiva se pauta por el interés general, que es el interés individual considerado en perspectiva amplia y a largo término, y se regula por la cooperación de todos. La libertad de cada individuo, en las democracias burguesas, se define y se encuentra limitada por el interés y por la acción de los demás individuos. Y la norma de tal definición y límite se determina por las circunstancias del entrechoque y del conflicto de intereses individuales divergentes. De esta manera, la democracia burguesa propone en principio, y como punto de partida, la libertad individual. Las limitaciones a esa libertad de principio se verifican en seguida al desplegar los hechos de la vida en común y en la manera como los individuos se relacionan entre si y entran en contacto unos con los otros. El individuo es en principio libre. Pero esa libertad de principio y de derecho choca luego con la libertad de los otros individuos, que se restringe desde el momento en que uno comienza a actuar y debe detener su marcha por los intereses y acciones contrarios. En el socialismo, alContinuar lendo “Capítulo 8 – EL MUNDO DEL SOCIALISMO [1962]”
Capítulo 8 – EL MUNDO DEL SOCIALISMO [1962]